Nosotros

La Palma Mágica

 

La Palma Mágica es el recuerdo de un ayer y de un presente poderosos. 

La Palma Mágica es la presencia en medio del bosque, es el graznido del cuervo, la sombra de un cernícalo, un bosque de pinos, 
un manto de viña, la risa de un hombre, el arrullo del mar, un viaje en el tiempo, una historia real y un amor de volcán. 

Comienza con la llegada de un niño a las puertas de un profesor para aprender inglés en una calle de singular nombre llamada camino cumplido. Ninguno de los dos imaginó que aquella amistad sobreviviría al paso del tiempo. El niño aprendió inglés, y se convirtió en un hijo para el hombre. Pasaron los años y cuidó de él y de su esposa hasta el “anochecer” de ambos. 

Y en aquella finca, ya hecha suya, y colocando durante años piedra a piedra creó su propio hogar. Un espacio rodeado de frutales, de exóticos árboles traídos de sus viajes, de coloridas flores perfumadas, un lugar lleno de profunda paz. La misma que él guardaba en su corazón. 

La Palma Mágica creció y se convirtió en un viaje a través de los sentidos. Los sueños de aquel hombre, el creador, crecieron al mismo ritmo que la naturaleza de aquel lugar. Convirtió aquel salón donde él aprendió el idioma de Shakespeare en un lugar sagrado dedicado a la memoria de su profesor y su esposa. 

Su tocadisco, sus discos de vinilo, sus fotos en blanco y negro, sus diarios, su extensa biblioteca de novelas encuadernadas en piel, incluso sus muebles ya restaurados de principio de 1900s. Todo olía a él; Mr. Deryck. y a su dulce esposa Ángela, la perfecta compañera para un galán inglés. No tuvieron hijos, pero fueron amados y cuidados hasta el final por el niño convertido en hombre. 
 

Antigua casa

Y así comienza La Palma Mágica. 

Aquella finca se convirtió en su hogar y en un lugar de ensueño. 

 

Un gran sol en su portada daba la bienvenida a familia y amigos, un manto de flores silvestres envolvía los olivos y la gran y hermosa buganvilla 
de color fucsia intenso adornaba los alrededores. Un majestuoso árbol pimentero presidía el centro de la finca, palmeras, aguacateros, 
nispereros, papayeros, mangueros, y aceroleros entre otros convivían felizmente. 

Los franchipanis con su rica fragancia, y el delicado y sutil jazmín salvaje siempre se hacían notar, así como el ficus trepador, encaramado 
con fortaleza a los muros; como si quisiera protegerlos. Todo era un desfile de riqueza natural. Cuatros casas llenas de libros, 
cuadernos y vivencias presidían la finca. Una de ellas fabricada artesanalmente de barro y paja. 

¡Un sueño de lugar! Y todo obra de aquel niño, el creador. 

Un lugar para soñar... 

Dos inmensas salas de yoga con hermosas figuras meditativas, una enorme piscina de siluetas curvas, una sauna, un baño turco, 
una rústica cocina al aire libre con su horno y barbacoa… Y como no, un ficus sagrado. El árbol bajo el cual Buda encontró la iluminación
y una hermosa charca repleta de peces, ranas y majestuosas flores de loto blanco. 

Y allí, junto con nuestros animales, se encontraba nuestro hogar y nuestro proyecto de vida...

hasta que el 15 de octubre de 2021, Tajogaite decidió convertirlo todo en cenizas.

en el velero

El aprendizaje

Meses de incertidumbre sacudieron nuestra vida. Abandonamos la isla, navegamos hacia las puestas de sol en nuestro velero 
y la familia en Lanzarote nos acogió. Durante meses, sufrimos las pérdidas de algunos de nuestros seres más queridos 
y la vida nos enseñó el verdadero significado "del perder". 

Como dijo un buen amigo, “no perdimos nada, porque nada era nuestro".  Todo es de la vida.  
Y como dijo otro, “ tenemos todo lo que necesitamos”. 

Un nuevo comienzo 

Con el transcurso de los meses, el creador navegó de nuevo a su isla y dejó que el eco de las olas y el silencio de la noche 
nos guiara a un nuevo amanecer. Y así fue como volvimos a empezar. Su corazón fue guiado 
hasta el norte de la isla. Allí encontró de nuevo, lo que creyó haber perdido. 

La Quinta del Tarajal nos llevaba esperando años y nosotros la abrazamos como se abrazan 
los amigos que hace tiempo que no ves. Y así fue como volvimos a empezar...